Adultos mayores: mantenerse hidratados no es solo cuestión de beber agua
Cuando hablamos de hidratación, lo primero que pensamos es en beber varios vasos de agua al día. Y aunque el agua sigue siendo una de las mejores opciones para mantener el equilibrio de líquidos del organismo, en los adultos mayores la hidratación merece una mirada un poco más amplia.
Con el paso de los años, la sensación de seda puede disminuir. Una persona puede pasar varias horas sin sentir necesidad de beber y, además, algunas personas reducen voluntariamente los líquidos porque no quieren levantarse constantemente al baño durante la noche. El resultado puede ser que consuma menos líquidos de los que necesita.
Por eso, mantenerse hidratado no consiste solamente en tener una botella de agua al lado. También puede incluir alimentos ricos en agua y bebidas sin azúcar que hagan más agradable consumir líquidos durante el día.
Eso sí, no significa que haya que sustituir el agua por jugos, refrescos o bebidas azucaradas. Se trata de encontrar distintas maneras de mantener una ingesta adecuada y adaptada a las necesidades de cada persona.
¿Qué puede aportar una buena hidratación?
El agua participa en numerosas funciones del organismo. Una hidratación adecuada ayuda a mantener el volumen de sangre y permite que diferentes procesos corporales funcionen correctamente.
Cuando una persona no consume suficientes líquidos puede presentar boca seca, cansancio, dolor de cabeza, mareos y orina más concentrada. En los adultos mayores, una deshidratación importante puede ser especialmente problemática.
Sin embargo, tampoco es correcto pensar que cuanto más líquido se beba, mejor. Algunas personas con enfermedades renales, cardíacas o hepáticas pueden tener restricciones específicas. En esos casos, la cantidad de líquidos debe establecerse siguiendo las indicaciones del profesional de salud.
Receta 1: agua con pepino y hierbabuena
Para quienes se aburren del sabor del agua natural, esta preparación puede ser una alternativa refrescante.
Ingredientes:
1 litro de agua
½ pepino
5 hojas de hierbabuena
Unas rodajas de limón, opcionales
Preparación:
Lava cuidadosamente todos los ingredientes. Corta el pepino y el limón en rodajas y colócalos dentro de una jarra. Agrega el agua y las hojas de hierbabuena. Déjelo reposar en el refrigerador durante unos 30 minutos.
Indicaciones de uso:
Puede beberse durante la mañana y la tarde. No hace falta añadir azúcar ni miel. Si el limón provoca acidez, simplemente puede eliminarse.
Esta preparación no “desintoxica” el organismo ni tiene propiedades milagrosas: su objetivo principal es aportar líquido y mejorar el sabor del agua.
Receta 2: batido de yogur y fresas
Los alimentos también pueden contribuir a la ingesta diaria de líquidos.
Ingredientes:
½ taza de yogurt natural
½ taza de fresas
½ taza de agua o leche
1 cucharada de avena
Preparación:
Lava las fresas y colócalas en la licuadora junto con el yogur, el líquido elegido y la avena. Procesa hasta obtener una bebida cremosa.
Indicaciones de uso:
Puede utilizarse como desayuno o merienda. Es preferible elegir yogur y leche sin azúcar añadida. Si la persona tiene diabetes, debe considerar los carbohidratos de la fruta y la avena dentro de su alimentación habitual.
Receta 3: sopa casera de verduras
Una sopa puede ser una excelente manera de incorporar líquido junto con alimentos nutritivos.
Ingredientes:
Calabaza
Calabacín
Zanahoria
apio
agua
Hierbas aromáticas
Una pequeña cantidad de aceite de oliva
Preparación:
Lava y corta las verduras. Colócalas en una olla con agua y cocina hasta que estén tiernas. Puedes consumirlas enteras o triturarlas para obtener una crema ligera.
Indicaciones de uso:
Puede servirse como parte del almuerzo o la cena. Conviene controlar la cantidad de sal, especialmente cuando existen recomendaciones médicas relacionadas con la presión arterial.
En personas con enfermedad renal, la elección y cantidad de determinados vegetales puede necesitar ajustes, por lo que no todas las sopas son adecuadas para todos.
Las frutas también cuentan
Sandía, melón, fresas, naranja, mandarina y otras frutas contienen una cantidad considerable de agua. Incorporarlas a las comidas puede contribuir a una alimentación variada y a la ingesta total de líquidos.
Lo ideal es preferir la fruta entera en lugar de convertirla habitualmente en jugo. Al preparar un jugo se puede terminar consumiendo mucha fruta de una sola vez y, además, perder parte de la fibra.
Una merienda sencilla puede consistir en una porción de fruta acompañada de yogur natural o un pequeño puñado de frutos secos, dependiendo de las necesidades individuales.
Crear una rutina es más importante que esperar la sed
Una estrategia práctica consiste en distribuir los líquidos durante el día. Por ejemplo, puede beberse una pequeña cantidad al levantarse, acompañar las comidas con agua y volver a beber durante la mañana y la tarde.
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