Si la gente supiera lo que el ajo crudo puede hacer por el cuerpo, muchos lo usarían todos los días.
El ajo es uno de esos ingredientes que casi nunca falta en la cocina. Se utiliza para preparar carnes, sopas, guisos, ensaladas y numerosas recetas tradicionales. Sin embargo, muchas personas desconocen que el ajo crudo tiene características diferentes a las del ajo cocinado y que, consumido como parte de una alimentación equilibrada, puede aportar compuestos interesantes para el organismo.
El principal protagonista es la alicina, un compuesto que se forma cuando el ajo se corta, se machaca o se tritura. Esta sustancia se produce a partir de otros componentes del ajo cuando sus células se rompen. Por eso, preparar el ajo de determinada manera puede influir en los compuestos que finalmente consumimos.
Esto no significa que comer un diente de ajo crudo vaya a curar enfermedades, limpiar las arterias, eliminar infecciones o sustituir medicamentos. El ajo es un alimento, no un tratamiento médico. Su verdadero valor está en utilizarlo adecuadamente dentro de una dieta variada.
Además, el ajo contiene pequeñas cantidades de vitamina C, vitamina B6, manganeso y otros compuestos vegetales. Algunos estudios han investigado su posible relación con determinados factores cardiovasculares, como la presión arterial o el colesterol, aunque los resultados dependen de la preparación, cantidad y características de cada persona.
¿Cómo preparar correctamente el ajo crudo?
Una forma sencilla consiste en pelar un diente pequeño y triturarlo o picarlo finamente. Después puede dejarse reposar unos minutos antes de incorporarlo a la comida.
No es necesario comerlo entero como si fuera una pastilla. De hecho, para muchas personas hacerlo de esa manera puede provocar ardor, gases, náuseas o molestias digestivas.
Una opción mucho más agradable consiste en utilizarlo como parte de una receta.
Receta 1: Ajo crudo con tomate y aguacate
Ingredientes:
1 diente pequeño de ajo.
1 tomate maduro.
½ aguacate.
Unas hojas de cilantro o perejil.
1 cucharadita de aceite de oliva.
Unas gotas de limón.
Una pequeña cantidad de sal.
Preparación:
Pica muy finalmente el ajo después de pelarlo. Déjalo reposar unos minutos. Luego corte el tomate y el aguacate, incorpore el ajo y mezcle todos los ingredientes. Agregue el aceite de oliva, el limón y las hierbas.
Indicaciones de uso:
Puede consumirse como acompañamiento del almuerzo o la cena. Es una manera más suave de incorporar ajo crudo que comerlo directamente. Si produce acidez o molestias, reduzca la cantidad o utilice ajo cocinado.
Receta 2: Yogur con ajo y hierbas
Aunque pueda parecer una combinación extraña, funciona muy bien como salsa para verduras.
Ingredientes:
½ taza de yogur natural sin azúcar.
½ diente de ajo pequeño.
Perejil picado.
Unas gotas de limón.
Pimienta al gusto.
Preparación:
Tritura o ralla el ajo y mézclalo con el yogur. Agregue el perejil, el limón y una pequeña cantidad de pimienta. Déjalo reposar unos minutos en el refrigerador.
Indicaciones de uso:
Puede utilizarse como salsa para pepino, zanahoria, tomate, brócoli u otras verduras. Es una práctica alternativa para quienes no toleran bien comer ajo solo.
Receta 3: Ajo, aceite de oliva y pan integral
Ingredientes:
½ a 1 diente pequeño de ajo.
1 rebanada de pan integral.
1 cucharadita de aceite de oliva.
Tomate triturado al gusto.
Preparación:
Machaca el ajo y mézclalo con el tomate. Coloque la preparación sobre el pan integral y agregue el aceite de oliva.
Indicaciones de uso:
Puede consumirse durante el desayuno o como una merienda salada. No es necesario añadir grandes cantidades de ajo para obtener una comida sabrosa.
¿Es buena idea comer ajo crudo todos los días?
Depende de la tolerancia de cada persona. Algunas personas pueden consumir pequeñas cantidades sin problemas, mientras que otras experimentan reflujo, gases, dolor abdominal o irritación.
También hay que tener precaución con los suplementos concentrados de ajo. Las personas que utilizan medicamentos que afectan la coagulación de la sangre, tienen una cirugía programada o presentan determinadas enfermedades deben consultar con su profesional de salud antes de utilizar cantidades elevadas o suplementos.
Otro error frecuente es pensar que, por ser natural, el ajo puede sustituir un tratamiento para la hipertensión, el colesterol, una infección o cualquier otra enfermedad. No debe utilizarse de esa manera.
El ajo tampoco debe colocarse dentro de los oídos, los ojos o sobre las heridas para intentar combatir las infecciones. Estas prácticas pueden provocar irritación o lesiones.
La mejor forma de aprovecharlo es mucho más sencilla: utilizarlo como ingrediente de una alimentación saludable. Puede combinarse con verduras, legumbres, pescado, huevos, cereales integrales, aceite de oliva y otros alimentos nutritivos.
Además, no existe necesidad de soportar un diente entero de ajo crudo cada mañana para “desintoxicar” el organismo. El cuerpo ya